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Su repercusión
fue enorme y de ello es muestra las portadas y los comentarios de la prensa
de esos días.
La emoción para todos fue grande porque meses antes habíamos
apostado fuerte por Francisco Javier, y él,por si mismo, cuando
se desplazó a Santurce (Vizcaya) a un Centro de Entrenamiento para
realizar una prueba de admisión,por Luis Villanueva (luego seleccionador
nacional de natación), la cual superó ante el "buen
ojo" que tuvo el entrenador y que calificó con medalla de
oro después en Plasencia.
Su carrera fue meteórica. Tanto que en el Club Natación
Maimona no nos enterábamos, no sabíamos situar las cosas,
no supimos apreciar realmente y valorar al deportista y al nadador. Ganó
"el niño" que aun era chico y perdió el campeón.
¡Fue imposible! la convivencia del deportista de elite con la realidad
de su Club. Pudo el aspecto social al deportivo. Se confundió o
es que simplemente no sabíamos lo que teníamos entre manos.
No hubo mala fe, había ignorancia.
Reconocido por todos, pasó a entrenar en Málaga, ya becado
por la Federación Española, y luego a la residencia Blume
en Madrid.
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Sumó
campeonatos de invierno y verano en categorías en Plasencia,
Málaga, Villareal, Lérida, etc. Alcanzó los
absolutos en Murcia, Madrid, Logroño, etc. Fue internacional
con la selección española en Francia, Holanda, Portugal,
etc. Dominó la natación extremeña. Y además
durante mucho tiempo fue feliz y nos hizo felices a muchos.
Francisco Javier acabó sus días como nadador, como
empezó en este deporte, luciendo otro "gorro" de
otro club. Pero en este tiempo, sabemos seguro que nunca olvidó,
ni olvidará, que durante la mejor etapa de su vida, junto
a la cabecera de su cama, velando sus sueños de nadador,
colgaba un cartel que ponía: Club Natación Maimona.
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Y ahora, cuando
son ya pocos los que siguen en el Club y vivieron la etapa más
apoteósica de éste fenómeno que nos cayó antes
de tiempo, es obligación, al igual que sigue la foto del nadador
presidiendo nuestra sede, dejar constancia en la página del Club
que fue Francisco J. Barrena Santana, precisamente, la página más
gloriosa de nuestra historia.
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