Castillejos Imágenes

“LOS YACIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS DE “LOS CASTILLEJOS” EN EL CONTEXTO HISTÓRICO Y ARQUEOLÓGICO DE FUENTE DE CANTOS .


José María FERNÁNDEZ CORRALES

Área de Arqueología
Universidad de Extremadura
.

La forma de llegar al Yacimiento es mediante el siguiente mapa que parte de Fuente de Cantos:



INTRODUCCIÓN.

La investigación y el análisis realizado sobre los yacimientos arqueológicos de “Los Castillejos”, habría que encuadrarlos en el intento de definición del asentamiento humano sobre un territorio dentro de una secuencia temporal.
Tras una serie de actuaciones previas, el proceso lógico del trabajo en el campo de la Arqueología nos llevaba a una búsqueda bibliográfica y a una prospección sistemática dentro del paraje que tradicionalmente se conoce bajo la denominación de “Dehesa de los Castillejos”; ello nos permitía sospechar la existencia de dos hábitats, que en función de su cultura material y bajo una primera valoración respondían a dos realidades distintas, que identificábamos como “Castillejos I” y “Castillejos II”; adscribiendo uno y otro al Calcolítico y la 2ª Edad del Hierro respectivamente.
Esto venía a significar, en primera instancia, que el asentamiento no obedecía a un conjunto único y cerrado sino por dos bien diferenciados para los que se había cambiado de estrategia de ocupación dentro de una proximidad espacial. Si esta primera identificación fue válida en el momento de la prospección, las distintas campañas de excavación nos han permitido matizar los planteamientos iniciales y observar que las primeras perspectivas se han ido completando a medida que se ha tenido la oportunidad de documentar con mayor precisión las estructuras y la cultura material de ambos yacimientos. Ahora estamos en condiciones de señalar, que la ocupación en este espacio se inició en época neolítica y que pudo continuar hasta época romana.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.
El área territorial en el que se ubicaron una serie de grupos humanos que posteriormente hemos tenido la oportunidad de documentar a través de unos yacimientos arqueológicos formó parte en su momento de lo que los autores clásicos definieron como un área geográfica con una personalidad cultural propia.
De Estrabón (Strábon) (Geog., III, 2, 3.) nos ha llegado la cita más antigua dentro de una serie de generalidades geográficas: “ Su orilla septentrional (Anas) va también bordeada por montes metalíferos que se extienden hasta el Tágos. Las comarcas donde hay metales son por naturaleza ásperas y estériles; así son también las contiguas a la Karpetanía, y aún más las que confinan con los Keltíberes. Tal es, igualmente, el aspecto de la Baitouría, cuyas secas llanuras bordean el curso del Anas”.

Plinio (Plinius) (Nat. Hist. III, 13 , 14. ) señalaba que “ La comarca que se extiende más allá de la que limita el Baetis, acabada de describir, y que llega hasta el Anas, se llama Baeturia y se divide en dos partes y en otras tantas gentes: los celtici, que lindan con la Lusitania y que pertenecen al Conventus Hispalensis, y los turduli, que limitan con la Lusitania y la Tarraconense, pero que dependen de la jurisdicción de Corduba. Los celtici venidos de la Lusitania son oriundos de los celtiberi, y ello se manifiesta por los ritos religiosos, por la lengua y los nombres de los “oppida”, que en la Baetica se distinguen por sus cognombres: Seria, llamada Fama Iulia; Nertobriga, dicha Concordia Iulia; Segida, apellidada Restituta Iulia; Contributa, cognominada Iulia Ugultunia, ahora también Curiga; Lacimurga, llamada Constantia Iulia; a los siarenses, fortunales, y a los callenses, aeneanici. Además, en la Celtica se hallan Acinippo, Arunda, Arunci, Turobriga, Lastigi, Salpesa, Saepone, Serippo”.
También dentro del contexto de las fuentes clásicas y su relación con el área geográfica en la que se ubica el yacimiento arqueológico de “Los Castillejos II”, no hay que olvidar, la mención recogida en el Ravennatis Anonymi Cosmographia (Rav. IV, 44 (314, 15) donde se recoge una Lacunis situada entre las ciudades de Contributa, (Medina de las Torres) y Curiga, (Monesterio).
Al mismo tiempo y relacionado con este hecho no sería descabellado establecer una posible relación entre la Lacinimurga mencionada por C. Plinio (Nat. Hist. III, 14) y la mansio a la que acabamos de hacer referencia; hay que decir, sin embargo, que la identidad entre ambos topónimos y su identificación con el yacimiento al que nos estamos refiriendo necesita del refrendo que nos pueda dar la excavación y puesta en valor del mismo.
Dentro del contexto en el que nos estamos moviendo, tratando de establecer, a priori, una posible relación entre la mención de determinados topónimos en las fuentes clásicas y su posible identificación con el yacimiento arqueológico que ahora nos ocupa; tampoco hay que olvidar la existencia de la inscripción (C.I.L. II. 1041) aparecida en la iglesia de Monasterio con el siguiente texto: IVL.../ MVTATIONE/ OPPIDI MVNI/CIPES ET INCO/LAE PAGI TRANS/LVCANI ET PAGI/SVBVRBANI.
A partir de este texto se han expresado diversas interpretaciones con sus correspondientes defensores y detractores; para Rodríguez Bordallo y Ríos Graña (1976: 146-164) el texto de la inscripción plantea el interesante fenómeno del cambio de una población, que supuestamente era Iulia Ugultunia, junto a los pagi Translucani y Suburbani, para asociarse a Curiga.
Por su parte, Mommsen, al que siguen bastantes autores, plantea la integración de los dos pagi para constituir una ciudad de mayor entidad como el municipio de Iulia Ugultunia.
En relación con esta última propuesta, quizás no fuese descabellado, establecer una posible identificación entre el pagi Translucani y el yacimiento de “Los Castillejos II”, pues no hay que olvidar, que aparte de posibles evoluciones e identificaciones de tipo fonético; por la información que nos han facilitado, hasta ahora, las excavaciones llevadas a cabo en el citado yacimiento, el abandono del mismo, pudo producirse hacia la segunda mitad del siglo I d. d. C.
Sí hasta aquí tenemos una breve selección de textos que nos sitúan y definen una región como la Baeturia, de la cual formó parte el territorio de “Los Castillejo II”, una realidad más próxima en cuanto a su significación dentro del patrimonio cultural actual, lo podemos encontrar en alguna referencia recogida en textos del siglo XIX.
En Madoz, (1.847: 208-212), se recoge una información donde se señala lo siguiente: “En el camino que va a la Calera de León, como 1 leg. al S. hacia el Bodioncillo, se encuentra un cerro conocido por los Castillejos, en el que aparecen bajo de tierra muchos cimientos divididos, cual si fuesen habitaciones de 4 varas de estensión, formando calles: esta notabilidad fué descubierta por varios vec. de este pueblo, los cuales, cavando en el año 1842, hallaron unas barras de plomo con liga de plata de 18 a. de peso; también hallaron varias monedas romanas; una venera de oro;
7 piedras de figura de ruedas de molino, una parecida a un baño, algunos picos y tenazas, mucho trigo carbonizado, y por último unos cuantos hornos como de fundir: este cerro es redondo, de 4.000 varas de circunferencia, descubriéndose en todo su alrededor por bajo de tierra unas piedras como de cuatro varas de tamaño, colocadas simétricamente las unas sobre las otras, y rematando en una sola, tan disformes algunas, que parece imposible hayan podido colocarlas allí la mano del hombre: se carece absolutamente de noticias que esplicar puedan si este punto se hallaba esclusivamente destinado a hornos de fundición, o algún otro edificio particular”.
En definitiva, quizás, lo más significativo de este texto es que se refiere en exclusiva al yacimiento arqueológico de “Los Castillejos II” y del que se pueden extrapolar una serie de datos: Una referencia explicita a sus peculiaridades urbanísticas y la enumeración puntual de una de serie de elementos que nos podrían aproximar, a priori, a algunas de las actividades desarrolladas por los habitantes del poblado.
Por su parte, Mélida, (1907-1910: 71) al recoger el testimonio de la obra de Viu, (1852: 215) describe en términos parecidos este lugar, al que identifica con Contributa. En este sentido, es de sobra conocido el trabajo de Rodríguez Bordallo y Ríos Graña sobre Contributa Iulia Ugultuniacum, que la sitúan en el paraje de “Los Cercos”, a 1´5 kms. al oeste de Medina de la Torres.
La identificación de “Los Castillejos II” con algún núcleo prerromano o romano está en función de un detenido análisis de las fuentes clásicas y de la ampliación de los trabajos arqueológicos.

LOCALIZACIÓN, MARCO FÍSICO Y VÍAS.
La localización exacta de los yacimientos arqueológicos de “Los Castillejos“ se encuentra entre las coordenadas geográficas de 38º 11´ 44´´ / 38º 11´55´´ de latitud Norte. y 2º 37´ 52´´ / 2º 38´ 00´´ de longitud Oeste de la Hoja nº 876 del Mapa Topográfico Nacional, Escala 1/50.000.
Desde el punto de vista geológico, en esta zona se localizan dos formaciones: la Precámbrica, con predominio de las pizarras, cuarcitas oscuras y vulcanitas básicas, y la Cámbrica, con series carbonatadas y detríticas.
Las rocas precámbricas afloran en el núcleo de un gran anticlinorio hercínico, cuyo eje de dirección NO.-SE., se extiende desde Olivenza a Monesterio (Hernández Enrile, 1971 ). En conjunto, estos materiales componen la llamada por muchos geólogos “serie negra” (Alia Medina, 1963), dentro de la cual Vegas (1974) reserva la denominación “Formación Bodión” para los materiales precámbricos del eje Burguillos del Cerro - cauce del río Bodión, que recorre parte de ella.
La topografía de la zona la determinan amplias lomas que, enlazándose entre sí, conforman pequeños relieves, más o menos orientados de NO. a SE. Sobre dos de estas lomas, que alcanzan las cotas topográficas de los 575 y 553 ms. se asientan los yacimientos arqueológicos de “Castillejos I” y “Castillejos II” respectivamnete.
A nivel edafológico, si en principio -quizá en la misma época de apogeo del poblado- existió el dominio de la Tierra Parda Meridional, en la actualidad y debido a la deforestación total, se ha pasado a un Xeroranker, procedente de la erosión de la referida Tierra Parda Meridional. Estos suelos son por lo general de pequeño espesor, fácilmente erosionables, permeables y con pequeña capacidad de retención de agua, color pardo y textura areno-limosa (Explicación, 1968).
Otra de las variables importantes relacionadas con la definición del marco físico y su estrecha relación con el poblado es la referida a la hidrografía, en este sentido, hay que destacar, que la variable hidrográfica esta representada por el Bodión Menor, subafluente del Bodión, ambos pertenecientes a la cuenca del Guadiana.

En relación con el mismo hay que señalar dos hechos puntuales, por una parte, se da la circunstancia, que el arroyo antes citado bordea y debió servir como elemento defensivo junto a las propias murallas al poblado en su zona occidental; por otra, no hay que olvidar, que dada la aridez del espacio, la pequeña depresión que supone el pequeño cauce y las vegas a él asociadas debieron jugar un cierto papel dentro de la economía de las gentes del poblado asociadas, en este caso, a la posible explotación de pequeñas huertas.
El otro aspecto importante, que en estos momentos merece la pena puntualizar, es el referido al de las vías de comunicación.
Las vías de comunicación son por su propia naturaleza y a lo largo de la Historia, un mecanismo imprescindible a través del cual circulan y se relacionan personas; a través de las que se consuman invasiones, se ejerce la represión sobre una comunidad recien sometida; se da salida o entrada a las materias primas desde o a un territorio; pero también, sirven para introducir novedades e intercambiar ideas.
A todos estos condicionantes no debió ser ajeno el poblado prerromano de “Los Castillejos II“ y prueba de ello son la presencia de las cerámicas pintadas de clara influencia de las áreas orientales, las estampilladas del área meseteña o directamente relacionadas con el asentamiento de célticos en este espacio y, la presencia de cerámicas campanienses y sigillatas como manifestación de un primer momento de aculturación romana.
Pero no hay que olvidar, que las vías históricas no dejan de ser la adecuación o relocación de unas primitivas vías naturales, que posteriormente van a ser trazadas al compás de los tiempos por el hombre.
Las primeras rutas naturales habían actuado como canalizadoras de migraciones humanas que habían permitido el acceso a la región y el intercambio de las influencias culturales civilizadoras entre la costa atlántica y los espacios andaluz y meseteño.
Pero si de éstas es imposible precisar su trazado, salvo señalar, los aspectos derivados de ellas, a los que se ha hecho referencia más arriba; algo distinto se nos ofrece a la hora de interpretar y definir la relación entre el yacimiento que ahora nos ocupa y las vías históricas.
Bien es verdad, que en el momento presente no contamos con los argumentos suficientes que nos permitan precisar el trazado de las vías históricas y su relación directa con el poblado de “Los Castillejos II”; pues, no hay que olvidar, que el territorio del mismo formó parte, en su momento, y sobre todo, en los primeros momentos de una provincia como la Bética, pero sobre todo, que se encontraba en lo que pudiéramos llamar como un área marginal y en proximidad a la provincia de Lusitania con una identidad jurídico administrativa distinta.
Con estos condicionantes el trazado de la calzada romana que necesariamente hemos de identificar con el Iter ab ostio fluminis Anae Emeritam usque, hay que señalarlo, mediante la ubicación de núcleos urbanos, una serie de mansiones perfectamente identificadas, las distancias que se marcan entre ellas, la información facilitada por distintas fuentes, la toponimia, y la orografía del terreno que determina en buena parte el trazado más lógico.

En función de todo ello, hay que señalar, que el trazado de la calzada debe coincidir con lo que actualmente conocemos como “Vereda de la Plata” y “Camino de la Plata”.
Se trata de un largo camino, que en lo que respecta al actual territorio extremeño, comienza en el término municipal de Monesterio, en cuyo espacio se situaba la mansio de Curiga, continua hasta Fuente de Cantos en cuyo espacio pudo localizarse la mansio de Lacunis y en este sentido no habría que olvidar la actual ubicación de la ermita de San Isidro situada a unos 500 ms. del trazado de esta vía; que continua hacia Medina de la Torres donde se situaba la mansio y ciudad de Contributa; hasta la actual Zafra, en cuyo espacio pudo localizarse la ciudad de Segida.
Finalmente la vía sin haber perdido su identidad toponímica y la continuidad en su trazado llega hasta el límite entre las provincias de la Bética y Lusitania, que puede identificarse a lo largo de las Sierras del Águila, Sierra de los Olivos y Sierra de los Santos, a partir de ellas, y hacia el norte el trazado de la vía hasta su llegada a Augusta Emerita se identifica, en gran parte, por la huellas de su propia estructura.
Este es, en definitiva, el trazado de la vía histórica a la que pudo estar ligada el poblado de “Los Castillejos II”, al menos, en la última parte de su existencia y a través de la cual se pondrían en marcha algunos de los procesos a los que antes hacíamos referencia.
Finalmente, no hay que olvidar que las cañadas y cordeles ganaderos son elementos importantes que nos sirven para caracterizar y definir la estructura de la red viaria en la antigüedad y a ellas hay que recurrir sí tenemos en cuenta que durante la época visigoda y de la dominación árabe no se crearon nuevos itinerarios, salvo la fijación de aquellos, en beneficio de la Mesta.
Dentro de este contexto, hay que señalar, el trazado de la Cañada Real Leonesa que se cruza con la calzada romana en las proximidades del río Bodión y que con dirección norte discurre a unos 1.250 ms. del poblado.

LOS YACIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS: “LOS CASTILLEJOS I” y II”.
“LOS CASTILLEJOS I”.
Estructura.
Hasta la fecha, las excavaciones realizadas dentro del yacimiento de “Los Castillejos I” , nos han permitido decumentar una estructura definida por la existencia de una muralla cuyo estado de conservación no es demasiado bueno en algunas zonas, debido en parte a lo erosionado del terreno en función de la pendiente y a la acción antrópica a lo largo del tiempo.
La parte excavada y conservada nos permite observar que la arquitectura defensiva está realizada a base de cuatro hiladas de piedras entre las que hay un relleno de otras de menor tamaño. La altura que se conserva es de tres o cuatro hiladas, segun las zonas y su anchura de 2´5 ms.
Su trazado responde a una estructura circular a la que va adosada un bastión semicircular construido a base de dos hileras de grandes piedras, dispuestas en semicírculo y en linea recta, entre las cuales se situa un relleno de piedras de menor tamaño.
El arranque de toda la estructura se produce desde la roca de subsuelo, aunque en algunas zonas para salvar la desigualdades topográficas se asienta sobre una capa de tierra de color rojizo, más dura que la del entorno.
También es importante destacar, la presencia casi constante de cenizas a lo largo de todo el trazado, con una especial significación el algunas de la zonas como la del bastión. Este hecho nos llevaría a pensar que la acción del fuego habría provocado la destrucción de la muralla por el interior, ya que la cara exterior está bastante bien conservada.
Cultura material.
La cultura material está representada por la cerámica, industria lítica y ósea y objetos de culto. De todos ellos, es la cerámica el elemento mejor representado y el que mejor define la secuencia cultural del asentamiento.
En términos generales, podría decirse que las cerámicas son de buena calidad, en su mayoría alisadas y espatuladas en ambas caras, habiendo cuidado en ocasiones más la pared interna que la externa.
Las superficies están generalmente sin decorar, aunque existen algunos fragmentos con la técnica incisa y motivos decorativos a base de líneas y puntos y mamelones.
El tipo de cocción es generalmente de buena calidad, realizado en la mayor parte de los casos con horno abierto, lo que da un color rojizo o pardo a la mayoría de las cerámicas, aunque no faltan las de color oscuro, casi negro, realizadas con fuego reductor.

Desde el punto de vista tipológico nos encontramos basicamente con dos formas, platos y cuencos; a estas formas van a ir asociados distintos tipos de bordes: los bordes rectos, sobre todo pertenecientes a los cuencos y algunos platos; los bordes engrosados al interior o reforzados; los bordes almendrados, y algunos engrosados al exterior.
En cuanto a las paredes existe una clara diferencia en función de los dos tipos: En los platos predominan las paredes inclinadas al interior, de poca profundidad, mientras que las paredes rectas están menos representadas. En los cuencos destacan las paredes de tendencia semiestérica y escasamente las rectas y casi rectas.
En relación con los fondos podría hablarse del fondo plano para los platos y el de tendencia redondeada para los cuencos.
Dentro de la industria lítica habría que destacar la presencia de puntas de flecha y hojas laminares realizadas a partir del silex, cristal de roca y de forma más excepcional sobre pizarra.
Desde el punto de vista tipológico, dentro de las primeras, destacan las secciones trapezoidales y triangulares realizadas con retoque marginal y directo.
Entre las puntas de flecha están representadas las de base plana, las concavas y, en ocasiones, con alerones. Para su realización se ha utilizado el retoque cubriente y bifacial, el retoque en sierra, marginal directo e inverso y sin retocar sobre pizarra
El material lítico se completa con herramientas pulidas en las que están representadas las azuelas y hachas realizadas sobre gabro.
Escasa representación tiene la industria ósea donde unicamente hay que señalar la presencia de punzones pulimentados y, en algún caso, decorado.
Una especial significación tienen una serie de objetos que podríamos encuadrar dentro de la categoría cultual o simbólica, documentados a través de unas veinte piezas e identificadas como ídolos de cuernos, de forma troncocónica, decorados en algunos casos con líneas incisas, motivos espigados y con digitaciones formando motivos espigados.
“LOS CASTILLEJOS II”.
Estructuras.
Arquitectura defensiva.
La primera imagen que tenemos sobre el urbanismo de “Los Castillejos II”, concretamente, sobre su recinto defensivo nos la ofrece una de los fotogramas del vuelo americano de 1956.
A través de el se puede observar que el poblado durante los siglos IV a II a C. estuvo rodeado por un complejo sistema defensivo, que debió estar constituido por un único recinto, con una planta aproximádamente pentagonal y jalonado por una serie de torreones rectangulares.

En los puntos excavados la muralla se asienta directamente sobre la roca , aunque en algunos puntos se llevó a cabo una preparación del terreno a base de “estructuras-bastidores” que contuvieron un lecho de cascajo para regularizar las pendientes y facilitar el drenaje del interior del poblado.
Las excavaciones revelan la existencia de grandes volúmenes de “cascajo” acumulados contra el paramento exterior, cuyo origen tendría como finalidad el contrarrestar, en su cimentación, los empujes relacionados con la presencia de casas adosadas a la cara interna.
La construcción se realizó con grandes bloques de diabasa combinados con piezas de distintos tamaños de cuarcita y pizarra y trabados entre sí con piedras pequeñas, cerámica y arcilla.
Lo excavado y conservado nos permite observar una muralla cuya anchura oscila entre los 2´5 y 3 ms y una altura máxima de poco más de 2 ms.
Arquitectura doméstica.
Dentro de la arquitectura doméstica las excavaciones realizadas en “Los Castillejos II” han revelado una serie de subestructuras documentadas a través de silos, fondos, pequeños canalillos, restos de muros y piedras acuñadas en su base que nos remiten el origen del poblamiento al Neolítico.
De todas formas, hay que destacar, que el urbanismo mejor definido es el que se corresponde con la etapa que va desde el siglo IV hasta el II a. C.
En lineas generales, existen dos fases de ocupación definidas por casas de estructura rectangular, realizadas a base de muros de piedra que se conservan todavía hasta una altura de 1´15 ms y una anchura de 0´60, rematados con adobes o tapial.
Las cubiertas de ramajes y barro, con una sola vertiente estuvieron apoyadas en elementos horizontales y postes verticales encajados en hoyos y acuñados por piedras documentados en algunos momentos.
El interior de la vivienda está definido por un suelo de tierra compactada de color rojizo; varias dependencias con distinta funcionalidad y, una serie de elementos, entre los que destacan distintos tipos de hogares, bases de tornos, pequeños hornos de fundición, cerámicas y utensilios metálicos; en función de las distintas fases.
Finalmente, por lo documentado hasta ahora, nos encontramos con casas adosadas unas a otras, alineadas a lo largo de una calle, y con las puertas de acceso en función de la ubicación de la casa dentro del esquema urbanístico y de la topografía del espacio.
Cultura material y fases culturales.
Las distintas campañas de excavación nos han ofrecido una cultura material y unas fases culturales distribuidas a lo largo de la historia del asentamiento.
Al igual que en “Los Castillejos I” la cultural material mejor representada es la cerámica cuya tipología está en consonancia de las distintas fases de ocupación del poblado.
Su origen neolítico debido a la constante reocupación y alteración de los hábitats precedentes está documentado por estructuras de escasa significación situadas en la base de algunas de las cuadrículas excavadas (LL´3 y O´3) y documentadas por pequeños fondos o silos en los que se han localizado dos tipos cerámicos: Los cuencos con paredes lisas, rectas o entrantes y algunos con mamelones; y los platos de paredes carenadas.
La secuencia del Bronce se ha documentado en el exterior del poblado debajo de la base de la muralla en su lado este, con restos cerámicos de formas cerradas, paredes semiesféricas, sin decoración, y abiertas con carena alta y bordes ligeramente engrosados hacia el interior.
Las fases mejor documentadas, tanto por las estructuras ya analizadas, como por la cultural material son las correspondientes a la 2ª Edad del Hierro y República Romana.
La 2ª Edad del Hierro está documentada a través de una primera fase definida por algunas cerámicas a mano, superficie alisada y en algún caso, con decoración incisa; y, fundamentalmente, las cerámicas a torno. Los tipos más característicos son las formas cerradas de borde convexo o ligeramente apuntado, exvasado y cuello desarrollado y acampanado, cuencos y anforas prerromanas.
Entre ellos, destacan los recipientes decorados con bandas pintadas de color rojo vinoso y motivos radiales y en diagonal estampillados con marcas circulares y rectangulares.
La exixtencia de una segunda fase que podría denominarse Iberorromana se desarrolla a partir del siglo II a. C., los materiales constituyen una continuación de los aparecidos en la primera, con la única novedad de las cerámicas de barniz negro (Campaniense B) y ánforas del Tipo Dressel I A.

VALORACIÓN CULTURAL.
La valoración cultural debemos hacerla desde la perspectiva global y diacrónica que representan las estructuras, su técnica constructiva, y la cultura material de ambos yacimientos.
Como señalábamos antes, el origen del primer asentamiento se produce dentro de “Los Castillejos II” que se remontan a época neolítica y a una cronología en torno al IV milenio.
Esto significa la presencia de un poblamiento neolítico en la zona con anterioridad a lo que se había propuesto a la hora de analizar los asentamientos neolíticos de la cuenca del Guadiana.
La secuencia Calcolítica, que hasta el momento, sólo está definida en algunas de sus fases está documentada en el yacimiento de “Los Castillejo I” donde encontramos paralelismos con poblados calcolíticos de la zona portuguesa como Zambuyal y Vila Nova de Sao Pedro y Andalucía como Los Millares, Valencina de la Concepción y Morro de Mezquitilla entre otros.
Podemos apuntar que “Los Castillejos I” se integra en la fase del Calcolítico Pleno sin campaniforme, con un único nivel de ocupación que cronológicamente podría situarse a finales del tercer milenio o principios del segundo.
Débil representación tiene, hasta ahora, la secuencia cultural del Bronce, debido a la falta de estructuras que pueden haber desaparecido por la alteración del hábitat en la 2ª Edad del Hierro y los escasos restos cerámicos recuperados; pero que ineludiblemente nos situan dentro de este contexto cultural.
Finalmente, como hemos podido ver, la mayor significación está definida por las dos fases culturales que se desarrollaron entre los siglos IV y II a. C.
La primera podemos situarla en relación con el ámbito cultural céltico debido a los contactos meseteños a través del área suroeste de la provincia de Badajoz, la actual provincia de Cáceres y, al mismo tiempo, con los poblados prerromanos de la zona portuguesa; con paralelismos en poblados como el Castrejón de Capote (Berrocal, 1992), La Martela (Enríquez y Rodríguez, 1988), Las Villasviejas del Tamuja (Hernández, Rodríguez y Sánchez, 1989), El Castillejo de Santiago del Campo (Esteban y Salas, 1988), La Coraja (Esteban, 1993), etc.
Sin olvidar, el ámbito cultural túrdulo-turdetano, paralelo a las facies ibérica del valle del Guadalquivir y concretada en yacimientos como Cástulo, Cerro Macareno, Colina de los Quemados y Setefilla.
La segunda fase podría datarse en torno al siglo II a. C. a partir de la presencia de cerámicas campanienses y ánforas del tipo Dressel I A. Este material constituye el sello inconfundible de los contactos con el mundo romano matizados por la pervivencia cultural de la formas y técnicas decorativas aparecidas en la primera fase.
Finalmente, es preciso destacar la presencia en superficie de fragmentos de terra sigillata hispánica localizadas en la zona suroeste del poblado lo que nos hace plantearnos una continuidad del poblado hasta época imperial.

ACTIVIDADES ECONÓMICAS.
En relación con las actividades económicas destacar la incidencia de la agricultura, la ganadería y la minería.
Desde el punto de vista agrícola, se observa una especial vocación, hacia los cereales, principalmente el trigo, aspecto este que está perfectamente documentado en el poblado perromano de Los Castillejos II” en cuya excavación se ha ido detectando abundantes restos de trigo carbonizado que junto a las herramientas de labranza nos pone en relación con una de las actividades de sus moradores.
En cuanto a la ganadería, si en una primera etapa, ante la posibilidad de la existencia de un sotobosque de encinas, estaría orientada al ganado de cerda, pasaría paulatinamente a la manipulación y uso de otras especies. Esto se ha puesto de manifiesto a través del análisis de la fauna (Castaños, 1991, 1998) donde se ha documentado aparte del cerdo, la presencia de otras especies como el caballo, bóvido, ovicáprido, perro, gallina, ciervo, liebre y conejo.
Si establecemos una comparación existe un claro predominio de las especies domésticas sobre las salvajes.
Dentro de las primeras, existe una mayor presencia de ovicápridos, que contabiliza casi la mitad del total de individuos representados, pasando el ganado vacuno a segundo término y encontrándose el cerdo por debajo incluso del ciervo.
Finalmente, dentro de las variables económicas debió tener una cierta importancia la minería, y más, si tenemos en cuenta las indicaciones que hace Madoz, las cuales, necesitan de la confirmación que nos puedan dar las excavaciones sistemáticas.
En relación con el aspecto ahora señalando, hay que destacar, los yacimientos mineros del Baldío de la Pilas, Aguilar, Nogalito, Hinchona, El Risco y Las Zorreras; de los cuales, por su proximidad a “Los Castillejos II“ merecen la pena destacar las de Aguilar y Nogalito con menas de galena argentífera y las de Hinchona y El Risco con hierro y cobre (Mapa Geol.).
Señalar también, en este sentido, la presencia en éste área de materiales precámbricos con niveles de cuarcitas oscuras impregnadas en óxidos e hidróxidos de hierro que pudieron ser objeto de explotación en época prerromana.
Podemos asegurar que en época prerromana los pobladores de “Los Castillejos II” conocían las actividades metalúrgicas, como se pone de manifiesto a través de la presencia de escorias de fundición en distintos estratos y zonas excavadas hasta la fecha.

BIBLIOGRAFÍA.
Alia Medina, M. (1963): “Rasgos estructurales de la Baja Extremadura”, Boletín de la Real Sociedad de Historia Natural, LXI, Madrid
Berrocal-Rangel, L. (1992): Los pueblos célticos del suroeste de la Península Ibérica, Complutum Extra, 2. Madrid.
Castaños Ugarte, P. M. (1991): “Animales domésticos y salvajes en Extremadura. Origen y evolución”, Rev. de Estudios Extremeños, I, XLVII, Badajoz, pp. 9-66.
Castaños Ugarte, P. M.. (1998): “Evolución de las faunas protohistóricas en Extremadura”, Extremadura Protohistórica: Paleoambiente, Economía y Poblamiento, Cáceres, pp. 63-7.
Enríquez Navascués, J. J. y Rodríguez Díaz, A. (1988): “Campaña de urgencia en la Sierra de la Martela (Segura de León, Badajoz)”, Extremadura Arqueológica, I, Mérida, pp. 113-128.
Esteban Ortega, J. y Salas Martín, J. (1988): "1ª Campaña de excavaciones en el Castro de “El Castillejo” de Santiago del Campo (Cáceres)". Extremadura Arqueológica, I. Mérida, pp. 129-142.
Esteban Ortega, J., Sánchez Abal, J.L. y Fernández Corrales, J.M. (1988): La Necrópolis del Castro del Castillejo de la Orden, Alcántara (Cáceres). Cáceres.
Esteban Ortega, J. (1993): "El poblado y la necrópolis de “La Coraja”, Aldeacentenera, Cáceres". El proceso histórico de la Lusitania Oriental en época prerromana y romana. Cuadernos Emeritenses, 7. Mérida, pp. 55-112.
Estrabón: Geographica, ed. C. Müller, 1858.
Idem: Geografía, Trad. Ignacio Granero, Madrid, 1980.
Explicación del Mapa Provincial de Suelos, Diputación Provincial de Badajoz, 1968, p. 50.
Fernández Corrales, J. M. (1993): “Aproximación al conocimiento del poblado prerromano de “Los Castillejos 2”, Fuente de Cantos (Badajoz)”. Rev. Alcántara, 28, Cáceres, pp. 51-70.
Fernández Corrales, J. M. y Sauceda Pizarro, M. I.:(1985) “Los ídolos de cuerno de Los Castillejos I. Fuente de Cantos (Badajoz)”, Series de Arqueología Extremeña, 1. Cáceres, pp. 83-99.
Fernández Corrales, J. M., Sauceda Pizarro, M. I. y Rodríguez Díaz, A. (1988): “Los poblados calcolítico y prerromano de “Los Castillejos” (Fuente de Cantos, Badajoz)”, Extremadura Arqueológica, I, Mérida, pp. 69-88.
Fernández Corrales, J. M. y Rodríguez Díaz, A. (1989): “Campaña de urgencia en el poblado prerromano de “Los Castillejos” (Fuente de Cantos, Badajoz), Rev. de Estudios Extremeños, I, XLV, Badajoz, pp. 97-121.
Hernández Enrile, J. L. (1971): “Las rocas porfiroides del límite Cámbrico-Precámbrico del Anticlinorio Olivenza-Monesterio”, Boletín Geológico y Minero de España, LXXXII-II-IV, Madrid.
Hernández Hernández, F. (1970): "Excavaciones en el castro de las Villasviejas del Tamuja, en Botija (Cáceres). IX Congreso Nacional de Arqueología. Zaragoza, pp. 431-437.
Hernández Hernández, F. y Galán Domingo, E. (1996): La Necrópolis de “El Mercadillo” (Botija, Cáceres). Extremadura Arqueológica, VI. Mérida.
Hernández Hernández, F., Rodríguez López, M. D. y Sánchez Sánchez, M. A. (1989): Excavaciones en el Castro de Villasviejas del Tamuja (Botija, Cáceres), Mérida.
Madoz, P. (1847): Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, Madrid, pp. 208-212.
Mapa Geológico de España, 1:50.000, Hoja 876, Fuente de Cantos, pp. 73-76.
Martín Bravo, A. M. (1999): Los orígenes de Lusitania. El I Milenio a.C. en la Alta Extremadura. Bibliotheca Archaeologica Hispana, 2. Madrid.
Mélida, J. R. (1907-1910): Catálogo Monumental de España, Provincia de Badajoz, Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, p. 71.
Ongil Valentín, M. I. (1988): "Excavaciones en el poblado prerromano de "Villavieja del Castillejo de la Orden" (Alcántara, Cáceres). 1ª Campaña". Extremadura Arqueológica, I, pp. 103-108.
Ongil Valentín, M. I. (1991): "Villasviejas del Tamuja (Botija, Cáceres). El poblado (1.986-1.990)". Extremadura Arqueológica, II. Mérida-Cáceres, pp. 247-253.
C. Plinius: Naturalis Historiae, ed. Jan Mayhoff, 1875
Redondo Rodríguez, J. A., Esteban Ortega, J. y Salas Martín, J. (1991): "El Castro de la Coraja de Aldeacentenera, Cáceres". Extremadura Arqueológica, II. Mérida-Cáceres, pp. 269-282.
Rodríguez Bordallo, R. y Ríos Graña, A. M. (1976): “Contributa Iulia Ugultuniacum”, V Congreso de Estudios Extremeños, (Ponencias VII y VIII, Arqueología y Arte Antiguo), Badajoz, pp. 146-164.
Rodríguez Díaz, A. (1989): “La Segunda Edad del Hierro en la Baja Extremadura: problemática y perspectiva en torno al poblamiento”, Saguntum , 22, Valencia, pp. 165-224.
Sánchez Abal, J. L. (1979): "El Castro de Sansueña, Aliseda (Cáceres): situación y descripción del sistema defensivo". Estudios dedicados a Carlos Callejo Serrano. Cáceres, pp. 659-662.
Vegas, R. (1974): “Repartición de las series anteordovícicas del SO. de España”, Boletín Geológico y Minero de España, LXXXV-II, Madrid.
Viu, J. (1852): Extremadura. Colección de sus inscripciones y monumentos, I, Madrid, p. 215.